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domingo, 18 de enero de 2026

De Médicos (El tartamudo)

 Un hombre entra a la consulta del urólogo.

—Buenas tardes, señor. ¿Qué puedo hacer por usted? —pregunta el médico.
—Ve-ve-vea, doc-doc-tor… qui-qui-quiero que me ayu-ayu-ude con este pro-pro-problema de tar-tar-tartamudez.
—Señor, para eso debe visitar a un foniatra, un especialista en el habla.
—Ya-ya-ya fui, doc-doc-tor… y me-me-me dijo que es por-por-porque tengo tres tes-tes-testículos.

El doctor lo mira, levanta una ceja y dice:
—¿Cómo dice? Eso es imposible. Todos los hombres tienen dos. A ver… déjeme revisar.

El paciente se baja los pantalones. El doctor examina… una vez… dos veces… y se queda helado.

—¡Pero esto es increíble! ¡Tiene tres!
En ese instante, el doctor ve desfilar frente a sus ojos el Premio Nobel, las entrevistas, los libros, las conferencias internacionales.

—Señor —dice emocionado—, voy a operarlo para extirparle el tercer testículo. Pero antes, ya que este caso es único, permítame hacerle unas preguntas.
—Pre-pre-pregunte, doc-doc-tor.

—Dígame… ¿cómo es su vida sexual?
—No-no-normal, doc-doc-tor.
—¿Normal para quién? ¿Con qué frecuencia tiene relaciones?
—Pues ve-ve-verá… cuando me despierto en la ma-ma-mañana, después de dor-dormir ocho ho-horas, me siento un po-po-poco inquieto… y le ha-ha-hago el amor a mi esposa tres ve-ve-veces.
—¿Cada mañana?
—S-s-sí, doc-doc-tor.

El doctor empieza a sudar.

—Luego me voy a la o-o-oficina. Me de-de-demoro dos horas en llegar y cuando arri-rribo ya estoy inquieto otra vez, así que ha-ha-hago el amor con mi secretaria tr-tr-tres veces.
—Ajá…
—Al me-me-mediodía, tras cuatro ho-ho-horas de trabajo, me siento inquieto nue-nue-nuevamente y hago el a-a-amor dos veces a mi a-a-asistente personal.
—Claro… lógico…
—Por la tarde corro a casa, mi esposa me re-re-recibe feliz y como ya han pa-pa-pasado seis horas, hacemos el amor cu-cu-cuatro veces.
—Por supuesto…
—Y antes de dor-dormir, un pa-pa-par de veces más para dormir bien.

El doctor saca la calculadora.
—¡Eso suma catorce veces al día!
—S-s-sí, doc-doc-tor.

La operación es un éxito. El tercer testículo es removido.
El paciente despierta y habla perfectamente:

—¡Caramba, doctor! ¡Al fin puedo hablar como cualquier persona normal!
—Excelente. Vuelva en dos semanas para control.

Dos semanas después, el paciente entra furioso al consultorio.

—Doctor, mi vida es un desastre.
—¿Qué ocurrió?
—¡Mi vida sexual se redujo a tres veces por semana! ¡Devuélvame mi tercer testículo!

El doctor lo mira, sonríe con calma y responde:

N-no se v-va a po-po-der.